La vergüenza es una emoción aprendida en la infancia como mecanismo de protección ante el miedo al rechazo. Surge cuando el niño siente que no es aceptado emocionalmente y acaba creyendo que hay algo malo en él. Se refleja en el cuerpo mediante bloqueo, inseguridad y deseo de ocultarse, aunque también puede disfrazarse de ira o perfeccionismo. Sanarla requiere aceptación, autenticidad y relaciones seguras donde podamos mostrarnos sin miedo al juicio.
La vergüenza y la humillación son emociones sociales dolorosas que afectan a la autoestima, aunque tienen distinto origen. La vergüenza nace de una percepción negativa sobre uno mismo y provoca bloqueo y deseo de ocultarse. La humillación surge por un ataque externo a la dignidad, generando rabia e impotencia. Cuando no puede expresarse, esa rabia se interioriza y acaba transformándose en vergüenza. Trabajar estas emociones en terapia es clave para recuperar autoestima y bienestar.
El enfado es una emoción que surge en nuestro interior cuando no nos sentimos respetados. Nos da fuerza para defendernos cuando algo o alguien nos perjudica en algún aspecto y nos ayuda a protegernos, a poner límites, a decir no, a luchar por lo que queremos, a pedir algo que es importante para nosotros y a autoafirmarnos. Pero el enfado, para poder cumplir esta función protectora, debe ser expresado con serenidad, firmeza y efectividad.
La repentina aparición de la pandemia COVID-19 ha desatado a lo largo del mundo un escenario de amenaza, incertidumbre y desamparo que ha sacudido la vida de millones de personas, revelando de manera indiscutible la radical vulnerabilidad del ser humano. La crisis continúa con nosotros y será un largo proceso, con consecuencias graves de salud, sociales y económicas, repercutiendo en nuestra forma de vida y en nuestro estado emocional.
Los duelos son procesos por los que todos vamos a pasar en algún momento de nuestras vidas. Aparte de la pérdida de un ser querido, duelo es el proceso por el que uno se enfrenta a hechos que suponen sufrimiento, como puede ser una separación afectiva, una enfermedad, la pérdida del trabajo o del hogar, etc. El sufrimiento inevitable que conllevan estas pérdidas es una experiencia natural, no una enfermedad o un trastorno, y el ser humano está abocado, quiera o no, a vivir esta experiencia alguna vez a lo largo de su vida.
¿Te ha pasado alguna vez que una idea fija te ocupe la mente de
forma persistente?
La obsesión es una serie de pensamientos intrusivos e incontrolables que pueden limitar seriamente la vida. Pensamientos repetitivos, preocupación excesiva, crítica interna, pensamientos hipocondriacos, etc. Es un trastorno muy habitual y de incidencia creciente en la sociedad actual.
Necesitamos expresar nuestra singularidad y que nos acepten y respeten. Recibir la aceptación y el apoyo a la diferencia por parte del entorno familiar y social consolida la autodefinición y la propia singularidad.
En cualquier relación positiva en la que haya cercanía e intimidad los implicados experimentan cariño, afecto y estima entre ellos. Parte de lo que soy contigo es lo que siento por ti y si quiero estar plenamente en contacto contigo debo ser capaz de expresar estos sentimientos de afecto.
En una relación no siempre debería tomar la iniciativa la misma persona. Hay periodos en los que se necesita que el otro tome la iniciativa como una forma de reconocer la importancia de la relación. Cuando estamos atravesando un momento difícil, se agradece que el otro “tire del carro”. Cuando alguien da ese primer paso nos hace sentir importantes. Cuando la otra persona toma la iniciativa nos envía el mensaje de que la relación es significativa.
Una parte esencial de cualquier relación significativa es causar un impacto en la otra persona. En este contexto “impactar” en otras personas significa influir en ellas de algún modo deseado, de cambiar su comportamiento, de hacer que actúen de forma diferente o de producir una respuesta emocional en ellas.